Feedback es una palabra del inglés que significa retroalimentación. En el mundo laboral, feedback es un término utilizado para definir la acción de opinar y evaluar el desempeño de una persona en relación a las tareas de las cuales es responsable. Actualmente, la mayor parte de las compañías fomentan el feedback entre sus empleados con programas específicos desde el área de RRHH. Con estos programas se consigue que cualquiera pueda conocer las áreas de mejora desde una perspectiva constructiva. Pero, ¿y en la educación?, ¿se tiene en cuenta la opinión de los profesores y alumnos para mejorar el desempeño de ambos? Podemos decir que los alumnos reciben valoraciones periódicas por parte de los profesores en las evaluaciones, exámenes o tutorías, pero los profesores no siempre cuentan con suficiente información procedente de los alumnos. El feedback de los alumnos debería ser muy valioso para un profesor como vamos a ver a continuación.
Encuestas realizadas a alumnos
Para mí, el valor del feedback de los alumnos es incalculable. Si tuviera que seleccionar lo que más me ha ayudado en mi experiencia como docente, diría que, sin lugar a dudas, han sido las encuestas de satisfacción de los alumnos. Aunque nos encontremos en la era del Big Data, las encuestas siguen siendo relevantes y proporcionan información que sería imposible de recoger por otras vías. En mi caso, hacer encuestas a los alumnos al finalizar una asignatura o sesión formativa han sido indispensables para mejorar la manera en la que planifico las clases. Este tipo de encuesta debería cumplir los siguientes tres requisitos:
- La encuesta debe ser corta y concisa
Un cuestionario breve maximizará el número de respuestas de los alumnos. Si el cuestionario es largo, nos arriesgamos a que haya personas que no respondan o que lo hagan en modo “piloto automático”.
- La encuesta debe ser anónima
Si realmente queremos que los alumnos expresen lo que piensan, lo mejor es que la encuesta sea anónima. Si es una clase presencial, es recomendable dar las encuestas impresas y que un alumno se encargue de recogerlas todas al final de la clase.
- La encuesta debe incluir al menos una pregunta abierta
Las preguntas de una encuesta pueden ser abiertas, preguntas que no establecen categorías de respuestas, o cerradas, las que presentan alternativas de respuestas (Sí/No, escala Likert, etc.). Las preguntas abiertas nos van a ayudar a descubrir las motivaciones de los alumnos y aspectos a mejorar de manera espontánea, sin haber influido previamente en las respuestas.
En resumen, un cuestionario corto, anónimo y con preguntas abiertas nos dará toda la información necesaria para mejorar la manera de impartir clases. Si conseguimos mejorar los puntos débiles, conseguiremos que la satisfacción de los alumnos aumente y que el proceso de aprendizaje sea más exitoso. Comparto a continuación mis tres preguntas favoritas al solicitar feedback a los alumnos:
- Valoración de la sesión: ¿Cuál es la valoración global que daría a la sesión? Utilice una escala donde 0 es “muy baja” y 10 “muy alta”.
- Utilidad: ¿Considera que la sesión le será útil en el ámbito profesional? Utilice una escala donde 0 es “totalmente en desacuerdo” y 10 “totalmente de acuerdo”.
- Elementos negativos, positivos y sugerencias (pregunta abierta): ¿Podría resaltar los elementos negativos, positivos sobre la sesión y posibles sugerencias de mejoras?
A continuación, un ejemplo de cuestionario que utilicé en 2016 y que aún conservo:
En particular, almaceno todas las respuestas que han ido dado los alumnos a los que he impartido clase desde 2014, lo cual ha tenido un valor incalculable para conocer sus percepciones y los puntos de mejora. Gracias a este feedback periódico, he podido obtener útiles aprendizajes como los siguientes:
- El contenido de cada clase tiene que estar bien ajustado al tiempo disponible. Mi tendencia inicial era incluir demasiados conceptos que eran difíciles de «digerir» para la audiencia.
- El contenido práctico siempre se valora muy positivamente. La teoría es indispensable, pero es necesario aterrizarla lo suficiente con casos reales o prácticos.
- La participación de los alumnos es clave. Las clases son más amenas y todos, desde los alumnos al profesor, están más implicados en el proceso de aprendizaje.
- Hay que tener en cuenta el background de los alumnos para adaptar el contenido y la manera de presentarlo. Además, el primer contacto con los alumnos debe servir para analizar sus conocimientos previos e intereses.
Siempre existirán puntos de mejora, por lo que las encuestas deben ser una herramienta más en cualquier asignatura y debe servir para medir el pulso de la percepción de los alumnos. Actualmente, herramientas web como Google Forms, permiten diseñar encuestas fácilmente para recibir las valoraciones anónimas de las clases online, por lo que no hay excusa para pedir la valoración a los alumnos independientemente del canal utilizado para la formación.
En definitiva, la docencia es una de las profesiones más bonitas y satisfactorias, pero requiere de un esfuerzo constante por parte del profesorado. Por ello, disponer de feedback sobre el desempeño, tanto cuantitativo como cualitativo, debería ser algo indispensable para cualquier profesor. Como alumno, lamentablemente, no he tenido muchas oportunidades de valorar a mis profesores, pero puedo observar que en los últimos años está habiendo un cambio de tendencia. Ahora, el feedback está tomando mayor relevancia en el ámbito educativo y estoy seguro que seguirá incrementándose en el futuro. Todos los que ejercemos alguna labor como docente, deberíamos contar con herramientas como el feedback de los alumnos, que nos permitan mejorar la manera de transmitir conocimientos.

